Esa noche nos quedamos en la casa de mi vieja, Jorge “llamó” a su Exú y mi vieja a su Pombagira (La Pombagira vendría a ser la parte femenina del Exú). Nos explicaron un montón de cosas y nos pidieron volver la próxima noche, con algunas cosas como velas, pochoclo, y unos yuyos.

Fuimos a trabajar y volvimos a la casa de mi vieja, sinceramente no queríamos pisar esa casa… pero tarde o temprano tendríamos que volver. Esa tarde nos mandaron a bañar con el agua de los yuyos, y volvernos a vestir sin secarnos el cuerpo. Pusieron el pochoclo en una bolsa y nos lo pasaron por el cuerpo. Esto se le llama “limpieza”. El olor a podrido que largaba la bolsa era insoportable. Más cuando se la pasaron a Lorena. Era parecido al olor del agua estancada hace semanas en una zanja. Era horrible. Despacharon la bolsa en un campo baldío poniéndole una vela roja encendida adentro. Al abrir la bolsa para ponerle la vela, casi me descompongo, era demasiado el olor a podrido. Volvimos a la casa.

Pasaron las horas, cenamos, mientras nos explicaban algunas cosas más. Nunca se habló de lo que se iba a hacer esa noche específicamente, pero yo me la veía venir.

Llego la noche, la hora de los Exus, la hora en cuando ellos trabajan, la hora cuando más poderosos están: medianoche. Mi vieja se quedó a un costado, no “llamo”, mitad para ayudar, y mitad para traducir el lenguaje q utilizan los espíritus, “portuñol” una especie de portugués mezclado con español. Yo algo entendía, pero parece q no iba a ser suficiente. Metí al nene a la pieza de mi vieja, y le puse dibujitos a todo volumen.

Jorge empezó a llamar a su Exú, sonando una “sinata” (campanilla), mirando hacia el “congal” (altar), murmuro unas palabras y automáticamente se movió como si recibiera un palazo en la nuca. Con los ojos cerrados y con una respiración rocosa, se dirigió a la puerta de calle, hizo una especie de reverencia, volvió al congal, volvió a reverenciar, le entregue su sombrero y su bastón, mientras mi vieja le acercaba una silla. Lorena ya había presenciado esto la noche anterior, pero esa noche, su cara era diferente. El aire era distinto, se sentía una pesadez especial.

El Exu se sentó, como se sentara un rey en su trono, prendimos una vela blanca que se la ubico en una mesa redonda y chica al costado de él. Le prendimos un cigarrillo y le servimos de su ron. Saludo a uno por uno, pasando de largo a Lorena que miraba raro, como desconfiada, asustada. Hablo algunas palabras conmigo, se rio, hizo chistes, pidió un par de cosas a mi vieja de las que nos había pedido, corroboro que todo se haya hecho de la forma que él había ordenado una noche antes. El nene salió de la pieza y vino corriendo a abrazarse a la madre. Me estremecí, algo no andaba bien.

Se quedó un rato abrazado a ella, yo mientras miraba, nervioso. Finalmente, cuando las formalidades habían finalizado, la miro a Lorena. Seguía con los ojos cerrados, pero se notaba que la miraba muy fijamente, traspasando los parpados y el alero de su sombrero. Lorena se notaba nerviosa. El nene no la soltaba. El exu dio una larga pitada al cigarrillo, y tomo un sorbo de su ron. Me lo paso a mí. Tome. Estaba dulce, como si le hubieran puesto coca, y frio, como recién salido de la heladera; cuando en realidad la botella era recién comprada, nunca se había puesto en la heladera y se sirvió al vaso directamente, sin ningún tipo de mezcla. Afuera hacía calor, el viento agitaba los árboles, y el silencio era muy profundo.

Devolví el vaso, que como un pasamos, fue directo a Lorena. Ella bebió e hizo un gesto como no soportando el calor excesivo del ron. Lo devolvio. El exu no le sacaba la mirada de encima, la miraba fijo, como desafiante. Dio una última pitada al cigarrillo y tiro el humo adentro del vaso. Le volvió a dar a Lorena, sin decir una palabra. Ella volvió a tomar. Le devolvió el vaso y lo puso sobre la mesa, al lado de la vela. Automáticamente la llama de la vela se agito, como bailando el ritmo de un tambor de batalla. El exu saco un cigarrillo más y mientras lo encendía en la llama intranquila de la vela, rompió el silencio: (Repito que lo que decía, lo hablaba en portuñol, pero voy a tratar de que la memoria no me falle y transcribirlo al castellano)

– Lo que hoy tú tienes, tú lo sufres, porque tú te lo buscaste.

Lorena rompió a llorar. El exu continúo:

– Ese juego que jugaste de pequeña, no es ningún juego. No puedes invocar algo sin saber que es lo que invocas. Nosotros somos diferentes, nosotros estamos perdonados y bendecidos por los orixas (santos), nosotros tuvimos otra oportunidad, para hacer el bien, para reivindicar el mal que hicimos en vida. Yo por ejemplo, morí tratando de proteger a un niño. El niño no murió, yo sí. Nosotros tenemos una educación, hace más de 20 años que llego en el cuerpo de Jorge, y él me educo, me enseño cosas de la tierra, de la actualidad. Tú te metiste en la profundidades de la ciudad, donde la oscuridad reina, donde los túneles guardan espíritus errantes y lastimosos, tratando de encontrar la oportunidad de ver la luz que no tiene, tratando de obtener energía de algún lado. Tu juego le dio esa oportunidad.

El exu hizo un silencio, le dio una pitada al cigarrillo, tiro el humo en el vaso de nuevo y se lo dio a Lorena, ella tomo, mientras lloraba desconsoladamente. Mi vieja agarro al nene y se lo volvió a llevar a la pieza. Yo me quede en el medio de la pieza y la sala donde estaban ellos, tratando de controlar al hijo de Lorena. Entendí que lo que se venía, él no lo tenía que ver. El exu continúo:

– Yo te puedo ayudar, yo puedo sacarte lo que tienes, aunque no te lo merezcas. Hace más de once años que lo tienes encima. Ese espíritu ya se acostumbró a ti, ya se alimenta de tu energía, te está consumiendo el alma en vida, y hoy, estas como muerta, pero con el corazón funcionando.

Dicho esto, la mando a ponerse de pie frente a él. El exu me pidió una nueva vela, una blanca, sin encender. Así apagada, le apoyo el culo de la vela en la frente, y soplo alrededor de su cabeza. Lorena cerro los ojos, y su cuerpo demostró que estaba relajada. El exu tomo un sorbo de ron, y lo escupió, nuevamente, alrededor de su cabeza. Lorena dejo caer su cabeza, como mirando al suelo, con los ojos cerrados. Lorena ya no estaba, podía sentirlo.

El exu, tomó la vela de la frente de Lorena, y se la puso en la boca del estómago.

– Yo, Exú Mare Señor de las Almas, rey del mar, en el nombre del Pae Bará (equivalente a San Cayetano para los católicos), te obligo a que te muestres, a que me digas quien eres tú, ¡a que dejes este cuerpo q no te pertenece!

Me empecé a cagar de miedo. Si bien siempre había visto rituales de distintos tipos, nunca había presenciado un exorcismo. Y la que estaba siendo exorcizada era la mina con la que yo estaba saliendo, y peor aún, su hijo de siete años estaba en la pieza, mirando los dibujitos. ¡Me acorde del nene! entreabrí la puerta y lo vi ahí, sentado en la cama, tranquilo, le pregunte si estaba todo bien, y volví a salir.

Cuando volví, el exu se había puesto detrás de una Lorena que ya no era Lorena. La vela se la había puesto en la nuca, y con la otra mano, con los dedos índice y mayor en punta, recorría la espalda de la mina, de arriba hacia abajo, como buscando algo. A la altura de la cintura, le clavo los dedos, y el cuerpo de Lorena se retorció, mientras largaba un quejido fuerte, una especie de sonido similar a un burro cuando es apuñalado. Era un sonido grave. Era el quejido de un hombre.

El exu repitió, pero esta vez gritando:

– YO, EXU MARE SEÑOR DE LAS ALMAS, ¡TE OBLIGO A PRESENTARTE!

Lorena volvió a gritar quejándose.

El exu saco, los dedos, la vela de la nuca, dio dos pasos para atrás, y dijo:

– Tú quieres pelear, yo te voy a dar pelea.

Camino lentamente alrededor del cuerpo de una Lorena que no estaba, un cuerpo que estaba parado por inercia, de un cuerpo que estaba suelto, casi muerto.

La vela de la mesa comenzó a danzar más rápidamente. El viento de afuera agitaba los arboles de una manera que parecía que se iban a caer. El calor de la casa y la pesadez del lugar eran demasiado fuertes para un mortal como yo.

Empecé a sentir miedo. ¿Y si Lorena no se bancaba ese ritual? Me acorde del caso real de Emily Rose. ¿Y si yo, en mi afán de querer ayudar, había alterado su costumbre de vivir incómodamente como lo venía haciendo, y había hecho cagada? Mi fe comenzó a enflaquecer. Comencé a imaginarme lo peor. Entre a la pieza, a ver como estaba el nene, hablamos unos segundos sobre Bob Esponja. El clima de la pieza era totalmente diferente. Era como una burbuja en ese campo de batalla. Una vez que me repuse, después de un par de cortos minutos, volví a salir.

El exu tenía agarrada la frente de Lorena, con la punta de los dedos. Se notaba que hacia presión. Con la otra mano clavo nuevamente sus dedos en forma de puñal, en el medio de la frente de Lorena.

– A mí no me desafíes – dijo el exu – tú no sabes quién soy, no sabes de lo que soy capaz de hacer. Terminemos esto de una vez, si quieres, puede salir por tus medios, sino, puedo obligarte, doblegarte, hacer que te arrastres de dolor. O sales tú por las buenas o te saco yo por las malas. Este cuerpo no es tuyo, no te pertenece.

Dio una pitada profunda a su cigarrillo, y le tiro el humo en la cara a Lorena, y grito:

– YO, EXU MARE SEÑOR DE LAS ALMAS, PORTADOR DE MI CORONA, DUEÑO DE LOS SIETE PUEBLOS DE EXU, ¡¡TE OBLIGO!!

Lorena largo una fuerte carcajada, profunda, espeluznante, terrorífica, demoniaca, masculina, seguida de un fuerte alarido, un frito de dolor, un nuevo quejido como cuando están torturando a un cerdo. El exu saco la mano de la frente. Se le acerco, y le dijo:

– ¿Ves? Yo te puedo hacerte doler mucho más que eso.

Y también se rio.

– Ahí estas hijo de puta – pensé yo, pero lo peor estaba por venir…

CONTINUARÁ

Escrito por Kumgang para la sección…

También podes leer:
Yo salí con una mina poseída (segunda parte)

El año pasado escribíamos:
Vida de perros

Compartí, no seas paco