Primero que nada tengo que aclarar de crecí rodeado de espiritismo y viendo rituales que a más de un ignorante le ha servido para llenarse la boca. Mis viejos son “umbandistas”, ambos.

Ellos se divorciaron hace más de 20 años, y mi vieja volvió a casarse. Su actual marido es Pae umbanda consagrado también y es un gran amigo mío. Yo viví con mi viejo hasta la adolescencia, lo suficiente para saber cuál es la parte buena y la parte mala de esta mal llamada religión.

Siempre de lejos, siempre espectador. Metiéndome en las reuniones y hablando con las diversas entidades incorporadas, estando ahí para servir un vaso de whisky, de champagne, de vino, para prender una vela o prender algún cigarrillo. Ahí estaba siempre yo.

La realidad es que nunca pertenecí completamente a este movimiento, nunca me bautizaron por umbanda, pero si por religión católica, tome la comunión pero no la confirmación. En fin.

Habiendo hecho estas aclaraciones, comienzo con mi relato…

Esto fue hace cerca de 4 años atrás. Yo vivía solo, y estaba bien aburrido con una relación de noviazgo de 3 años. Pagaba un escaso alquiler en un precario garaje con un baño. Mi novia vivía a la vuelta, y yo estaba pasando un momento bastante complicado con el tema de laburo, dado que no conseguía una mierda.

Vivía con un stress bastante grande: si bien los tíos de mi novia me bancaban lo que fuera necesario hasta que consiga un laburo, yo me sentía presionado. Nunca me sentí parasito de nadie, así que siempre trate de buscar un laburo de lo que fuera y garpar para evitar más problemas en la relación.

Es tan así que cuando me llamaron de un bingo para trabajar de seguridad, me volvió el alma al cuerpo. La paga era buena, las condiciones mucho mejores, pero lo que destacaba (que lo descubrí más adelante) eran algunas compañeras.

Si bien mi actual novia me aburría, nunca le había sido infiel (a ella).

Empecé a trabajar y a conocer el ambiente y como se movían. Con el tiempo fui conociendo a una mina dentro del bingo, lo cual me convenció que largara la relación a la mierda, dándome cuenta lo incomodo que estaba. Le pongo un nombre a la mina del bingo así no nos mareamos: Lorena.

Conocer a Lorena me hizo dar vuelta la cabeza luego de 3 años completamente aburrido, mi mundo dio un giro muy drástico.

Obviamente después de cortar con mi ex no podía quedarme en la casa de sus tíos, así que Lorena me ofreció quedarme con ella unos días hasta que consiga otro lugar para alquilar.

Y acá arrancan todas las peripecias.

Lorena tenía un nene de 5 años, un demonio de Tasmania, mal criado, caprichoso, hijo de una muy joven madre soltera, la cual le daba todos los gustos y todos los apañes. Un pendejo de mierda.

Ojo, me encantan los pibes, pero cuando son unos pendejos de mierda los quiero bien lejos. Y este era un pendejo de mierda. Vivían juntos en una casa alquilada, onda departamento. En ese terreno habían 3 casas: la casa principal y detrás de ella 2 departamentos chicos, uno al lado del otro, con una entrada individual para ambos. En uno de esos departamentos vivía la mina con el nene, y en el de al lado vivía una parejita joven y sus hijos, que se ve no conocían los métodos anticonceptivos, porque  tenía como 4 hijos. La hermana de la vecina era quien le cuidaba el nene a Lorena cuando ella estaba trabajando. Digamos que se llamaba Silvia.

En la casa principal de adelante, vivía una vieja hecha mierda, que de pedo caminaba con un bastón, dado que vivía en la silla de ruedas. La vieja tenía la cadera rota. Según lo que me habían contado, la vieja era re sana, pero un día se cayó por las escaleras de la terraza y quedó semi postrada. Tiempo después me enterare que a la vieja la habían empujado.

La primera vez que fui al departamento de Lorena, algo no andaba bien. Algo me hacía sentir rechazado (aparte del pendejo). Muchas veces me frenaba en la puerta sin saber si entrar o no, no me pregunten por qué.

Sentarse a tomar mate en el comedor, era como sentarse a tomar mate en el medio de la cancha de Boca, a cancha llena. Siempre uno se sentía observado. Parecía como que las mismas paredes estuvieran mirándote, fijo, expectantes. Si bien la casa no tenía una buena ventilación, el calor y la pesadez de ese lugar era algo insoportable.

Era prácticamente imposible mantenerse despierto mirando la tele. Era imposible no sentir sueño ni sentirse cansado. Tocaba la cama cada día y me desmayaba hasta el otro día. Y a la hora de levantarme me costaba horrores. Parecía que tenía demasiado pesado el cuerpo. Siempre vivía cansado, agotado, con ganas de estar acostado todo el día. Algo que para mí es muy raro, dado que soy una persona hiperactiva, soy profesor de artes marciales, y siempre hice actividades y mucho deporte.

Los días fueron pasando, y mi vida con Lorena se fue manteniendo en secreto, dado q yo era personal de seguridad y la mina cambiaba plata para que los viciosos ludópatas cargaran las máquinas y dejaran el sueldo ahí. Poco tiempo pudimos mantener el secreto igual, así que cuando se supo tratamos de siempre nuestra relación hacerla afuera del trabajo. Adentro del laburo ni nos hablamos. A veces laburabamos juntos y a veces no, todo dependía de nuestros horarios rotativos.

Las conversaciones de mate me llevo a tirar el comentario de que me sentía observado en la casa. Muchas veces me daba vuelta, o cuando cerraba una puerta me quedaba mirando atrás de la misma, como si algo me fuera a aparecer de nada. Las paredes me miraban fijo. Por eso garchar era de lo más incómodo. Lorena me conto que no vivíamos solos.

Ella sabía que efectivamente había fantasmas en la casa. Ella también se sentía observada, ella también se sentía pesada y cansada. Me conto que sabía que había alguien que le hablaba, que sentía que de noche le caminaban alrededor de la cama, que el nene hablaba solo jugando, como si estuviera conversando con alguien. Y me conto de experiencias y polstergeists. Algunas historias me mantuve escéptico, aunque con el tiempo me fui dando cuenta que eran reales: Una noche, Lorena tenía que irse a trabajar, y como Silvia no podía cuidar al nene, le pidió a una compañera del bingo para que se lo cuide.

La mina al otro día, totalmente aterrada le dijo:

– ¡En tu casa tenés algo nena!

– Si ya sé, solía contestar.

La mina conto que una vez que el nene se durmió, ella se acostó en la cama a dormir, dejando las zapatillas al costado y visibles. Conto que el piso estaba repleto de hojas de papel con dibujos del pendejo. La chica acostada mirando la tele y con la puerta abierta de la pieza, escuchaba el ruido del papel, como cuando alguien camina sobre ellos.

Escucho como unas zapatillas se arrastraban, y al mirar las suya se daba cuenta que se las zapatillas de ella se la arrastraban hacia abajo de la cama. Ella volvía a poner las zapatillas en el lugar, y el ruido de q se las arrastraban de nuevo la inquietaba. La mina conto que en un momento, después de haber jugado bastante con las zapatillas y el papel del piso, le cerraron la puerta, de un solo golpe.

Vale aclarar que la pieza no tenía una sola ventana. La mina se puso a rezar y pidió que la dejen dormir, que ella lo único que había ido a hacer a esa casa, era cuidar al nene.

Así fue que la dejaron dormir…mientras algo la miraba desde arriba todo el tiempo…

CONTINUARÁ…

¡SEGUNDA PARTE!

 

Escrito por Kumgang para la sección…

También podés leer:
El juego macabro

El año pasado escribíamos:
Las mejores películas cómicas de los 90

Compartí, no seas paco