Hace un tiempo, quedé en tomar un café con el Rodolfo, un tipo que conocí hace algunos años pero que te hacen sentir como un amigo de toda la vida. Como el hisopo, ese tan glorioso y placentero invento.

Bueno, el tema que mientras charlábamos, cortado de por medio, llegó su reciente y joven esposa a pedirle las llaves de la camioneta. La situación era la siguiente: mese de café, enfrentados y la mujer parada entre los dos, por lo que si ingle daba a la altura de nuestras caras. Y desafortunadamente llevaba un pantalón con el cierre bajo. La san concha de Dios. Por más que intentara no podía evitar llevar la mirada a ese punto. Los 4 minutos que estuvo parecieron como 6 en realidad. Y yo ya me puse algo incómodo. Miraba el celular, tomaba lo último que quedaba en la taza. Encima al final empezó a preguntarme sobre mi vida. Ojo no era la gran cosa, pero tenía a nivel de mis ojos un cierre bajo de un pantalón que estaba en el cuerpo de la esposa de mi amigo. Sé que suena enroscado, pero posta, estaba muy incómodo.

Finalmente ambos se fueron y me quedé solo meditando un poco sobre lo sucedido. Obviamente no sobre el hecho de su cierre bajo, sino del momento acontecido en mi interior. Y pensé: ¿cómo no existe una enciclopedia donde a uno le enseñe como zafar de distintas situaciones incómodas, llevadas de mayor a menor, pero que estén todas, focalizadas y llevadas a escenas en las que estén personas sin mucha confianza, claro está.

A muchos seguramente les pasó de hablar con alguien y darse cuenta que tiene un moco amaneciendo de su nariz. ¿Cómo actuar sin que esa persona se avergüence?

También en algún momento les habrá pasado de estar en un ascensor y expulsar un flato. ¿Qué hacer para no expresar con tanta notoriedad la cara de “estoy oliendo caca”?

Una de las que me han pasado con frecuencia es estar charlando con alguien en la calla, terminar de dialogar, saludarnos e inmediatamente empezar a caminar en la misma dirección. ¿Preguntás a dónde va? ¿Te hacés el gil y mirás para otro lado? Realmente nunca sé que hacer, pero lo que haga siempre quedo como el orto.

Otra situación incómoda que se ha repetido a lo largo de mi vida es preguntar por alguien que ha muerto. Y no me refiero de “¿Qué es de la vida de San Martín?” o “¿Qué cuenta Cristóbal Colón?”, sino sobre:

– ¿Cómo anda tu viejo?
– Mi papá murió.

Ahí te das cuenta que metiste la pata y muy feo, porque no te responden “No choto, mi viejo falleció hace 5 años salame”, sino con un sosiego y hasta con voz cabizbaja “Mi papá murió”, y uno no sabe dónde meterse o cómo cambiar de tema.

¿Cómo le decís a la mina que te gusta, esa que para vos parte la tierra, esa a la que le harías mil hijos, esa a la que por fin lograste captar su atención y te está hablando hace 15 minutos, a esa misma, como le decís que tiene un perejil en el diente? Si no lo hacés va a pensar que sos un forro. Si lo hacés corrés el riesgo que sufra un ataque de pánico y jamás la vuelvas a ver.

Y así como les conté éstas, también no quiero dejar de nombrar otras como encontrarse a tu jefe en una salida ¿Lo tratás con respeto o te distendés?. Ir a cenar a lo de tus suegros por primera vez y enfrentar una discusión familiar interna ¿Te vas o te quedás?. Ir a al baño y descargarte después de comer asado y tomar fernet en sobremesa, despedir a ese amigo del interior y justo cuando vas saliendo ves a tu hermana que entra ¿Le avisás? ¿Con qué cara la mirás después en la mesa cuando ella olió tu caca?

En fin, hay muchas cosas escritas sobre estas cosas, pero en ninguna te dicen que hacer. Y esta nota no es la excepción.

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