No voy a ponerme a relatarles los acontecido recientemente respecto al nuevo Papa Francisco, más conocido como Jorge Bergoglio, ex cardenal de Bs As, al que le conocemos su infancia, su equipo de fútbol, su familia, sus amigos, su podóloga, su diariero, lo que comía hace 10 años y lo que dejó de comer la semana pasada.

Y es eso lo que me llega a escribir estas líneas preguntándome si realmente es necesario leer titulares como: “El Papa prefiere el mate amargo” o “Su podóloga afirma: “Es un hombre de fe que cambiará el futuro de la Iglesia” o “El Papa rompió el protocolo por 97° vez al acomodarse los lentes con la mano izquierda mientras que con la derecha se tomaba de la cintura”, y podría seguir toda la nota citando algunos que otros encabezados de los principales diarios del país y provincia.

Basta con que haga algo o se descubra alguna conexión con algún mendocino que conoció a un compañero de trabajo que tenía una novia que una vez se tomó un taxi y el chofer había llevado al primo hermano no reconocido del Papa Francisco para que inmediatamente se le haga una entrevista preguntándole cosas como “¿Notaste el brillo de Jesús en sus ojos?” o “¿Cuándo lo viste por primera vez le viste cara de Papa?” y cosas por el estilo.

Las redes sociales no son caso aparte. Las miles de imágenes, estados y notas compartidas abarcan la mayoría del time line de todos ustedes. También me topé con varias promociones de marchandaising papal bergoleano, como mates con su nombre, estampas autoadhesivas para vehículos, velitas con su cara, y la más popular de todas: la camiseta de San Lorenzo en su honor, y claro, de cada cosa, hay un texto que ocupa algún diario local.

Quizás sea solo a mí parecer, pero ya se ha tornado casi enfermizo la espera de la nota más intrascendente sobre el Papa Francisco. Claramente esto sucede por una euforia de argentinismo ganador y exitoso que llevamos dentro, causada por la falta de mundiales, copas Davis y medallas olímpicas, donde lo único que nos queda celebrar y de manera potenciada es la asunción de Jorge Bergoglio a la jefatura de estado del Vaticano.

Al fin y al cabo eso es lo que termina siendo, una competencia de la cual nadie estaba al tanto hasta que se proclamó el archifamoso “Habemus Papa” y nos enteramos que no solo había Papa sino que era nuestro y que alrededor del 62% de la población argentina lo conocía personalmente.

Y sé, que en el interior de muchos periodistas, se mueren por poner el titular: “El Papa es argentino: la tenemos más larga que todos”.

Eso sí, la Iglesia de los Jesuitas estuvo totalmente cerrada y abandonada en el momento de su asunción, porque claramente era más cómodo verla calentito en la casa esperando estos maravillosos titulares.

Los invito que comenten con la noticia más chota que leyeron sobre este tema.

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