¿Se dieron cuenta que muchas veces afirman sobre la falta de sentimientos de los mendocinos? Que somos muy secos, que no apreciamos las cosas como realmente son, etc.

Esta es la historia de Arulo Masgarleta, un comerciante oriundo de Luján de Cuyo, dueño del maxiquiosco ubicado en la esquina de Cervantes y Saavedra, negocio que tiene más de 70 años y que fuera fundado por su abuelo, un inmigrante italiano llamado Nicéforo Antonio Masgarleta. En el momento que llegué para entrevistarlo, se notaba vacío, como que le faltaba algo. “Me siento vacío, como que me falta algo” me contaba.

“La verdad que es un perno venir a laburar y que la gente te trate como el culo. Nunca un “gracias Arulo, te quiero” o “vení Arulo que te doy un abrazo”. Siempre son señoras entradas en edad, mal agestadas. Prácticamente no tengo amigos y tampoco sé la razón. Soy amable, me baño casi todos los días, me gusta cantar mientras cocino y mi perro se llama Esteban.”  Así que un día decidió realizar un paro y no abrir el local hasta que alguien le demostrara una cuota de afecto.

Como todos los días, se levantó a las 11am y se dirigió al maxiquiosco para sacar un paquete de Tías Maruca porque a la tarde venía un amigo y allí se encontraría con lo peor. “Ahora realmente no sé si estoy peor que antes. Tengo miedo de recibir lo que tanto estuve aclamando…”

Posta, pobre Arulo. Y es así que el travesti del barrio, Micaela La Gomosa, le dejó este mensaje lleno de amor y ternura:

Antes de irme me pidió que comunicara una cadena de oraciones los martes y miércoles a partir de las 17hs. Muchas gracias.

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