Detuvieron a Kasparov, el famoso ajedrecista ruso.

Resulta que Gari Kasparov es un opositor al gobierno de Putin y se sumó a las manifestaciones en contra de la condena a las tres chicas de la banda punk “Pussy Riot” (“motín de vaginas” en inglés) que irrumpieron es una iglesia ortodoxa con los rostros cubiertos y cantaron una súplica a la Virgen para que se vaya Putin y las acusaron de vandalismo y odio religioso. Las condenaron a dos años de prisión.

En Rusia algunos minimizaron el hecho (el hecho de la condena) porque una de sus integrantes, Nadezhda Tolokonnikova, ya venía protagonizando escándalos, como sacarse fotos desnuda con cucarachas caminándole por encima y documentar una orgía en el museo de Biología de Moscú embarazada de ocho meses. Cuando la detuvieron Nadezhda llevaba puesta una remera que mostraba un puño en alto y la frase “¡No pasarán!” en castellano, que sumado al nombre en inglés del grupo muestra la predisposición que tiene hacia otras culturas.

El día anterior, o el siguiente, en Sudáfrica mataban a balazos a varios mineros que hacían huelga. Negros, mineros negros. No se pudo saber si realmente los mineros estaban armados, pero hay un video del caso y la masacre es brutal. Casi como la del americano que pidió que lo matasen portando un cuchillo y lo acribillaron de doce balazos en plena calle newyorkina. En Sudáfrica quisieron aclarar las cosas: “No fue una masacre”, dijeron, y listo. Solo eso. La reacción de Tolokonnikova no está ni cerca de ser una masacre como la del cine de Denver, sin embargo hizo que varias personalidades del mundo, como Paul McCartney, se manifestaran repudiando la condena a las Pussy Riot, o sea, igual que Kasparov pero con más suerte y un poco menos de compromiso.

Hace un tiempo escuchábamos de la ley Sopa contra la piratería, y todos vimos como al gordito de Megaupload, conocido como Dotcom, iba preso, y también como Dominique Strauss Khan, el ex presidente del FMI era liberado por no me acuerdo qué detalle de qué declaración de los testimonios que no convenció del todo al juez y le devolvió los seis millones que había puesto de fianza, le pidió un taxi, muy rico todo, y se fue.

Con todas las mujeres que dijeron haber sido víctimas de Dominique pienso que Assange debería estar tranquilo con las acusaciones de violación y acoso sexual que pesan en su contra y que aparecieron casualmente un mes después de que Wikileaks abriese la compuerta de la avalancha de información confidencial de las embajadas y el ejército de los Estados Unidos. Los americanos tuvieron suerte porque no sabían cómo pararlo, y las denuncias llegaron justito y abrieron paso a su captura internacional que hoy lo tiene acorralado en la embajada de Ecuador, donde pidió asilo.

Parece raro que pida asilo a Ecuador, pero es que ese fue el único país que echó a una embajadora por los cables de Wikileaks. Y Cameron, primer ministro inglés, dijo que estaba dispuesto a tomar por asalto la embajada… No parecía ser tan importante el cargo de violación y acoso sexual con Dominique Strauss Khan, ¿no será que en lugar de extraditarlo a Suecia, donde le caben las acusaciones de delito sexual a Assange, quieren extraditarlo a Estados Unidos donde le cabría una larga condena en prisión, y además podrían obtener información de cómo hizo Assange para tener acceso al mundo secreto americano?

Los americanos tienen muchos secretos, uno de ellos es revelado por un documental que acaba de salir sobre las violaciones sexuales… ¡Epa, este tema está por todos lados! …que los militares cometen permanentemente en sus filas y que no tienen condena ni militar ni civil. El documental ya se conoció y el comentario fue que eso no debía pasar más, que era un escándalo, y listo. Parecida a la reacción sudafricana respecto a la masacre… perdón, a la muerte de los mineros. Los ingleses y los americanos se parecen mucho. Bueno, tal vez por eso dudo de que Cameron en Londres quiera extraditar a Assange con tanta animosidad a Suecia. Los militares estadounidenses no están refugiados en ninguna embajada. Strauss Khan tampoco.

Existe una persecución mundial a la opinión, a expresarse. No a esta opinión chiquita que no puede influir mucho (no por ahora), sino a las que hacen ruido, y al mismo tiempo hay una defensa desvergonzada a los que son afines al sistema. Por eso me parece que el tema de la información, de los medios, es algo bastante más importante que un “Clarín miente” o un diario Página que olvidó quién lo fundó. Me parece que estamos en un momento donde lo que es izquierda o derecha, esas dos etiquetas que no nos dejan pensar sino solo amar u odiar sin analizar en profundidad las ideas, tiene que quedar a un costado para empezar a mirar las cosas como son. Porque no sabemos por dónde, por Clarín o por Página, pero puede ser que un día, un día cualquiera, abramos el diario y nos encontremos con que en nuestra casa somos los malos, no importa por qué, pero ya no vamos a poder salir al exterior a buscar ayuda porque afuera… afuera está el lobo.

Creo que ya no se puede defender cualquier cosa porque nos resulte familiar, o parezca ser sensata. Creo que es el momento de sospechar de las cosas en las que confiamos y nos alimentan cada día, revisarlas, fijarnos en qué creemos, a dónde queremos ir, decirlo en voz alta, ponerle palabras, y fijarnos en qué momento fue que dejamos pasar la primer mentira.

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