El pasado lunes 23 de julio, Mario Alberto Saldaña presentó en el Centro de Congresos y Exposiciones su más reciente colección de obras. El conjunto de 69 pinturas invisibles, componen esta muestra titulada “Tu destornillador sobre mi choripán” la cual rondará por las principales salas de Iberoamérica.

Pero antes les voy a contar un poco de la vida e historia de Mario Alberto.

Su nacimiento fue muy similar al de Leonardo Da Vinci o Miguel Ángel, ambos vinieron a este mundo por el embarazo de sus madres. Antes de su llegada a este mundo, la humanidad necesitaba sobrevivir. El nacimiento de Mario Alberto no cambió para nada esta situación, por lo que fue necesario que sus padres le dieran de comer (esto evitó que muriera).

Desde muy niño se distinguió de sus compañeros de escuela gracias a que era el único que se llamaba Mario Alberto Saldaña (los demás niños tenían otros nombres, lo que facilitaba mucho su identificación).

Para un joven inquieto como Mario Alberto, el mundo le ofrecía muchas oportunidades. El arte y la ciencia alfloraba todos los campos del arte y la ciencia. Y habría de ser Mario Alberto quien mejor sintetizara el espíritu de la nueva era. De entre todos sus primeros trabajos, destaca particularmente uno por su enorme valor artístico y por su impresionante visión futurista, en el que Mario Alberto hace un alarde de talento y sentido de la perfección y es la titulada “Niño invisible pintado en paisaje invisible”.

La etapa más productiva de la obra de Mario Alberto abarca desde que empezó a hacer muchas cosas hasta que empezó a hacer pocas. Este período se prolongó por varios años y se puede decir que influyó grandemente en la posterior invención de los discos compactos (esto no es muy cierto).

Se cuenta que en una ocasión Mario Alberto se cruzó por las calles de su ciudad natal, Palmira,  con Pepe Hongo, un carpintero muy conocido en la ciudad. En otra ocasión se cruzó con Pancracio (quien por cierto no conocía a Mario Alberto) Y así sucesivamente, Mario Alberto se cruzaba con mucha gente en la calle todos los días.

Tuvimos la oportunidad de preguntarle sobre su vida al propio Mario Alberto y esto nos contaba: “Mi vocación por la pintura invisible comenzó hace 2 semanas, antes solo trabajaba en mi laboratorio de Suiza buscando una masa similar a la de las partículas de adrones usufructuando en un espacio cóncavo, pero la verdad que me aburrió. Y es por eso que me fui a la ferretería y me compre 5 pinceles y 70 lienzos. El primero que pinté no me gustó y lo tiré. Los otros 69 los pueden ver ustedes acá.”

A la inauguración de la muestra concurrieron 96.351 personas, entre las que se pueden destacar reconocidos albañiles y plomeros matriculados.

Pudimos recolectar algunas opiniones:

“Me trajo mi señora, no sé qué es esto.” Beto Alonso

“No le encuentro ningún sentido a esta porquería.” Ludovica Squirru

“¿Alguien puede pensar en los niños?” Hellen Alegría

“Me gustó mucho la pintura de Dios invisible.” Anónimo

“¿Porqué el queso corre y hace ejercicio? Por salut.” Jorge Corona

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