El problema de la esperanza ¿porqué siempre esperamos algo del otro?

Hay ciertas situaciones de las que nos gustaría librarnos, como por ejemplo, la frustración, o el sentirnos indignados. Podríamos evitar aquellos estados, pero típicamente nuestra humanidad hace que en ello recaigamos. He aquí una de las tangentes que deberían derivarse a las Naciones Unidas para tratar: la esperanza.

A través de esta crónica vivencial, veremos que podemos hacer nosotros, los mortales, para combatir a este agente generador de desvelos y de las más grandes contracturas emocionales.

Acordemos desde el vamos, que la esperanza tiene un peso peyorativo importante. Recurramos a la Real Academia Española para verificar bases: Esperanza. (I) Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos. (II) Esperar, con poco fundamento, que se conseguirá lo deseado o pretendido.

Ya con eso del “poco fundamento” empezamos mal. La esperanza ciertamente tiene dos caminos posibles, uno lleva al éxito, y el otro a fracasar. Claro que el éxito no es el drama, nuestro problema es con la esperanza, quien tiene como posible al fracaso, y por consecuente, a una decepción deliberadamente angustiante cuando se trata de los sentimientos hacia alguien más.

¿Por qué será que siempre esperamos algo de otra persona? ¿Qué es en todo caso, lo que impulsa a guardar expectativas bajo una espera? Resulta imperantemente abrumador todo lo que la esperanza implica en el ser humano, ya que tiene que ver con intereses, ilusiones, y una línea del tiempo que sugiere un proceso vehemente exasperante.

Las teorías filosóficas contemporáneas han estipulado que tan solo se puede vivir “el presente”, ¿pero no es acaso “el presente” algo más que “el ahora”? ¿”El presente” no implica también en su continua ejecución de ser, un devenir? Lo es, en efecto, ya que hablar de tiempo futuro me recuerda a un platonismo incurable; y esto se puede afirmar en su propia conceptología dialéctica: lo futuro aún no es, por ende, carece de existencia.
Aún así el individuo no puede parar de proyectarse, es a la vez un ser del futuro. Ahora, convengamos que la expectativa no es más que un carácter de naturaleza psíquica que se genera bajo las alusiones de un razonar congruente. ¡Bárbaro! Pero… ¿habrá alguna posibilidad de ejercer aquella condición solo en los casos de realizaciones personales de índole profesional, sistemas  políticos, e inclusive, alusiones al servicio de la ciencia? Digo… por que la expectativa del “algo más” sobre las personas, no ha dado más que problematizaciones para el desarrollo de la salud emocional.

Mundanamente hablando, me voy a explicar: Conocí a un tipo el otro día, se ocupaba solamente de mi, era como que continuamente me hacía sentir que existía. Vive al lado mío, comenzamos una plática ayer de balcón a balcón, y posteriormente se apareció en mi departamento con comida rápida conmovido por mi comentario sobre el desgano que tenía para hacerme de cenar. ¡Un romántico, de aquellos que no han de quedar! Pero hoy me encuentro fumando un cigarrillo, en soledad, bajo este terrible frío porteño.

¿Qué me hizo pensar que hoy tocaría  a mi puerta? ¿Qué me hizo pensar, que tendría su compañía en esta cabreada noche de jueves punzante?

¡¿Porqué esperamos algo de las otras personas?! ¡Maldita sea! Aunque al fin y al cabo, ¿qué es ese “algo más” más que una proyección de lo que haríamos nosotros en el lugar de la otra persona? ¡Oh, caramba! ¿Porqué simplemente no podemos dejar al otro “ser”? ¡Que sea, que sea de la bendita forma que quiera! ¡Vivir y dejar vivir! ¡Al parecer tendré que editarme un holograma con ello y pegarlo en todas las paredes que cotidianamente vea!

Perfecto. Lógicamente, y en ese caso, parece que la espontaneidad no es algo muy bien recibido por las partes.

Evoco aquí al problema de la esperanza, ¿por qué insistir con ello, si tiene una fecha de caducidad inevitable? Porque no importa cuantas alegrías pudo haberte dado alguien, tarde o temprano llegara el desconsuelo, la incertidumbre, la angustia de la ansia, la pesadumbre, sea o no intencional.

Véase aquí, el periodo de crisis: la frustración. Hay distintas formas de abarcar el tema, una de ellas es esta simpática ilustración de mi estado actual: Un Marlboro Light vacío, otro  atado de Marlboro Light vaciándose, otro atado de de Marlboro Light lleno y por vaciarse -¿ven como aplico la teoría del futuro teórico a mi inevitable presente? ;) – además de, una botella de whisky (mitad vacía), Sinatra de fondo, vestida con camisa de antaño (tres talles más grande de la que usaría como habitual), contemplando un espectáculo de luces desde el piso número doce del viejísimo edificio donde vivo. Introspección (revisión del pensamiento): fuck, fuck, fuck, fuck.

Y es ahí, en ese preciso momento, donde alguien llama a la puerta…

¡Oh, están llamando a mi puerta, él esta llamando a mi puerta! ¡Oh, oh, oh very nice! 

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    Comments

    1. space monkey says:

      Que bajo usar sintagmas como “conceptologia dialéctica”, en cosas como estas… Si estas construcciones fueran del autor de este texto, no las usaría acá… Ergo: Un robo… Pobre… Que alguien le diga al autor/a que vivir de otros es hasta ilegal (y le hable de derechos de autor). Por mi parte, le planteo otro problema: El problema de SER para otros ¿Por que hacer de la vida un montaje?

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