Sentir terror

Todo el tiempo suelo estar tranquilo, por algo me rompo el lomo toda la semana, para que el día indicado, casi siempre el domingo, pueda gozar de esta sensación. Jamás en otra ocasión siento esto, y no es que la bandera me pese, es que está él acá metido, entre ellos, entre nosotros, mi peor pesadilla.

Es cuestión que él tome la iniciativa o que cualquiera culmine en él la movida para que mi corazón comience a latir furiosamente preocupado. El calor de la actividad del momento se vuelve gélido, el sudor se congela y hiela mi piel. Sin dejar de mirarlo veo como las manos me comienzan a temblar, siento mis piernas tensas, mis rodillas tiritan, todos los pelos de mi cuerpo se encrespan.

Muchas veces lo comparo con esas pesadillas, donde siento que alguien me persigue y me levanto espantado. No se si es este terror o saber lo que se avecina, tener la certeza de lo que se viene. El tema es que él está ahí, yendo y viniendo, subiendo y bajando, apareciendo y desapareciendo. Es un fantasma, es una sombra, es como el humo… realmente es un monstruo. Y estoy seguro que soy el primero en hablar de esto, pero a cualquiera en mi lugar apuesto a que le pasa.

Si bien parte de mi trabajo es no sacarle los ojos de encima, sospecho que no lo hago por mi laburo, sino por el rejunte de sensaciones que en ese momento siento. Además de miedo y espanto, él me causa admiración… hasta gracia, ¿Cómo puede ser cierto? ¿Cómo puede ser verdad? ¿Cómo no estoy afuera disfrutando?

Y ahí viene, él también me mira sin mirarme, pero me mira… sabe donde estoy, presiente que voy a hacer. Saldría corriendo despavorido en este momento, pero no… no puedo, no debo, quiero pero no debo. El temblor se hace espantoso, mis dientes castañean, siento como la remera se me despega de la espalda de los tiritones, todo mi cuerpo de agazapa, se entumece, siento lo mismo que siente un soldado previo a ser fusilado por el más vil de los batallones. ¿Dónde tiene su mirada? ¿En la nada? ¿Qué piensa en este momento? ¿Sabrá que le tengo pánico? ¿Sabrá que lo odio profundamente pero a la vez lo admiro? ¿Sabrá que día a día me pregunto “como no nos tocó a nosotros”? Seguramente no, lo suyo no son preguntas, él no es de acá, evidentemente.  Y viene… y no para, desaparece un instante ¿Dónde está? ¿Dónde se metió? ¡Aparece nuevamente!

Se avecina, como una bala, como un accidente, con la velocidad de un rayo. Mando algunos guardianes de mi bastión a que detengan a la bestia… pero nada, tristes marionetas de papel parecen, quedan abatidos en el suelo, ¿se preguntarán lo mismo que yo? ¿Dónde soñarían estar en este maldito momento? Y sigue, y sube, y baja, y se escapa, se escapa de todos menos de mí, es a mí a quién viene a buscar, salta, dobla, esquiva, para, se detiene y queda como estatua y en menos de un instante retoma como si nunca hubiese parado, absurdos maniquís se estallan frente a él. Es tétrico, realmente es un demonio, realmente no es humano, mi miedo es como el miedo que se le tiene a la noche, mi miedo es colectivo, mi miedo es mundial, el miedo que le tenemos a él es de todos, y sigue y no para y quiero gritar, quiero llorar, pero lo que más quiero en este momento, es haberle hecho caso a mi viejo y ser ingeniero, o contador, poeta quizás, pero jamás esto que soy, jamás frente a él…

Viene y no lo para nadie, todos sabemos que va a pasar, o con seguridad pase, todos nos preguntamos lo mismo, viene imparable, como una locomotora descarrilada con frenos de Ferrari, viene imperturbable, hecho luz, viene… viene hacia mí, viene hacia mi arco… viene Messi.

Fuente de la imagen: http://castillosenelaire21.blogspot.com.ar/2012/03/cuentos-de-terror-en-la-biblioteca.html

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