Quien sabe…

Estaba parado en la esquina, si, parado ¿Por qué enfatizo esto? Hay mucha gente que siente estar en posición vertical, orgullosos luciendo su ropita de marca o hasta también ropa de segunda, sintiéndose continuamente de pie, “el mundo es nuestro muchachos”, orgullosos de la vida que llevan, sea digna o no lo sea, sea ética o no lo sea, sea feliz o no, ellos creen permanecer de pie en un mundo donde las posibilidades sobran. Ellos los arrodillados que viven la ilusión, pensando que los demás están por debajo de ellos. Pero debo comentarles que no es así, de esa manera no se afrontan las cosas, de esa manera no sirve che. Uno va a estar realmente de pie cuando… Que difícil viejo…

Todo este palabrerío típico de burgués creyéndose erudito, me lo comento ese mismo día un amigo, un amigo que resulto ser luego mi hermano, que en realidad no, no era mi hermano, era mi ahora fallecido hermano aun vivo en ese entonces. No sé si ese día justamente habría terminado de leer los árboles mueren de pie de Casona. En fin, la cuestión es que Martin se encontraba en esos días distintos cuando me lo encontré, en el que uno piensa hasta la cosa más insignificante que acaba de sucederle, “pise un chicle” o “el país es una mierda”, uno se encuentra inmerso en un lugar completo pero que no lo completa, sin vivir, sintiendo que se es vivido a través de…

“Ves Martin, mira a ese tipo por ejemplo” le decía, porque realmente había un tipo ahí sentado en una reposera en medio de la vereda observando simplemente a la gente pasar, un tipo de unos… mejor no ser prejuicioso, camisa de rombos rojos y violetas, pantalones que aparentaban ser de un empresario de los años 40, barba, lentes y mirada decidida. “¿Que tiene ese hombre?” me extrañó. Este hombre del que les hablaba en algún momento fue una persona (si es que lo seguía siendo), ahora sumido en su propia realidad, comer, mirar gente, dormir (capaz). No tenía idea si tenía un hogar, siempre que paso por 9 de julio lo veo ahí, sentado. Como se reduce la vida de una persona al llegar a cierta edad, como se pierden las ganas de vivir, claramente hay excepciones, este no era el caso, o si, dale que va con las contradictorias contradicciones, que redundancia boludo. De todos modos quién soy yo para juzgar cuando una vida se es vivida correctamente. Tal vez todos debamos simplemente sentarnos a esperar que ocurra algo observándonos los unos a los otros, solo mirándonos. No esa mirada prejuiciosa sino esa mirada de “y ahora qué”. La vida sería más interesante, no estaríamos atados a esta rutina, despertarse, comer, trabajar, acostarse, despertarse, despertarse, comer, estudiar, ocio, acostarse, despertarse, coger… en fin…

La realidad del anciano (ahora) me parecía simplemente extraordinaria, de todos modos ese anciano estaba tan atado a una rutina como todos nosotros, creo que todos estamos atados a una rutina mientras seamos conscientes de  que existe el tiempo.  Tiempo, sutil dimensión embustera que se impone hipócrita ante nosotros hostigándonos constantemente. “Pensalo Martin”

Esa mañana con olor a nada, comenzó así. Como les comentaba, mi hermano. El tipo. Y termino como siempre acostumbraba, riñendo con el acelerador de ese viejo 147 que se negaba a hacer otra cosa que trabajo contemplativo (como el viejo, ¿dije que era viejo?), finalmente cuando arrancaba, doblaba la esquina y me encontraba mirando a ese hombre, pensando en qué estaría pensando, probablemente el pensamiento fuera mutuo día a día, mes tras mes, año tras año en que nos volviéramos a cruzar, siquiera a mirar… quien sabe.

 

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