Mientras ordenábamos llamó uno de los chicos diciendo que tenían un amigo del club que los había llamado para juntarse a hacer algo y que lo invitaron al asado. Desconocíamos de quién se trataba, pero no le dimos mucha importancia al asunto tampoco.

Llegaron tipo 13.30 con todo el bolserío… y su amigo. ¡Lo lindo que estaba ese pibe por favor! Con Gaby nos miramos automáticamente y estoy segura que ambas tuvimos el mismo pensamiento simultáneamente.  La noche anterior creo que nos había cambiado (y cagado) demasiado la cabeza.

-Buenas… – nos saluda “el nuevo” – ¿cómo va? Gonzalo…

Nosotras respondemos al saludo y volvemos a mirarnos.

-Che, de onda que está muy bueno el flaco este… ¡¿sabes cómo le doy?! – me dijo Gaby cual perra en celo.

-Jajaja ¿y yo? – le respondí en un tono no muy diferente al de ella.

Seguimos risoteando mientras guardábamos las cosas. Los chicos se fueron al patio para arrancar con el fueguito y nosotras nos ocupábamos de las ensaladas (típico).

Almorzamos tipo 15.30. El asado estaba increíble. De postre comimos helado que también habían traído. Cuando terminamos de comer, de levantar la mesa y lavar los platos, los chicos sacaron un fernet y armamos un partidito de truco, mientras charlábamos un poco más.

Entre pito y flauta, Rodri y Bati tiraron algunas indirectas sobre lo que había pasado esa noche. Aunque parecían sutiles, cualquier idiota se daba cuenta. Gonza se reía y nos miraba como de reojo. Siento una patadita en mi pie izquierdo. Era Gaby para que la mire. Me hacía caras raras, pero que me simpatizaban bastante.

-Insisto… yo le doy – me dice la loca por lo bajo.

-Yo también… y ¡a vos también mamasa! – le respondí con tono de chiste, pero ambas sabíamos que era verdad.

El juego seguía, la segunda botella de fernet se terminaba, los cigarrillos se consumían.

-Che, ¿pinta que vayamos al río? – larga como idea Bati.

-De una que sí, pero primero me voy a acostar un ratito… estoy demasiado fusilado. Me tiro un ratito y vamos – responde entre bostezos y estirones el Rodri – ¿Ustedes qué van a hacer muchachas? -.

-No – la miro a Gaby – nosotras nos quedamos despiertas… ¿Vos Gonza, te quedas con nosotras o preferís irte con ellos a dormir? -.

-No, amigo, me quedo acá con las chicas… vayan ustedes. Yo no hice nada anoche, así que sueño no tengo, me acosté temprano.

-Bueno… tipo 18/19 vamos – responde el Bati, levantándose de la mesa con el Rodri, enfilando ambos para la habitación.

-Vayamos al futón, así estamos más cómodos, que encima acá se está poniendo fresco – les propuse a los dos.

Levantamos las cosas que quedaron en la mesa para llevarlas a la cocina y Gonza se fue al living directamente. Nosotras nos quedamos dos minutos en la cocina.

-Che… los chicos se fueron a dormir… ¿te pinta una maldad? – le pregunté a Gaby.

-¿Maldad? ¡Eso es bondad mamita… y me reee pinta! Busquémosle la boca ambas, no creo que no le pinte, si ¿viste la cara que puso con los comentarios de los chicos?

Nos fuimos para el living las dos, directo al futón y cada una se ubicó a un costado de Gonzalo, muy pegaditas a él. Le hablábamos cerca, lo tocábamos entre risas estúpidas por cosas que de gracia no tenían nada, pero necesitábamos las excusas para hacerlo.

-Che Gonza… ¿alguna vez hiciste algo de lo que nosotros hicimos anoche? – le pregunté.

-No sé qué hicieron anoche en concreto – me responde haciéndose el picante.

Con Gaby nos miramos. Ella se acerca aún más a él y le dice con tono provocador: “una orgía”, y deslizó una mano por la parte interna de uno de sus muslos. Yo miré la mano, y noté como muy cerca algo comenzaba a cobrar vida. Ni lerda ni perezosa, avancé también, solo que tomé ventaja sobre mi socia y mi mano fue al encuentro con ese “nuevo integrante”.

-No, la verdad que nunca estuve en una orgía… pero más que orgía, siempre quise hacer un trío.

Y mientras nos decía esto, cruzó sus brazos por detrás de cada una para acercarnos a él y entre nosotras. Gaby me tomó por el mentón (otra vez, como la noche anterior, tomando la iniciativa), sacó la lengua de su boca, humectó los labios de la mía cual lápiz labial y se separó unos centímetros. Yo alejé mi mano del bulto de Gonzalo y atraje a Gaby de la nuca, tirando un poco su pelo, de nuevo hacia mí para que mi lengua pueda reconocer la suya.

Mientras nos besábamos, sentí como la mano de Gonzalo bajaba por mi espalda, y con ayuda de sus dedos corría la cintura de mi pantalón y mi bombacha para encontrarse con el final del camino. Uno de sus dedos (supongo que el del medio) comenzó a ejercer una leve presión, tratando de inmiscuirse. La lava de mi volcán comenzó fluir.

Me separé de la boca de Gaby y ambas nos apoderamos del cuerpo de Gonza: su pelo, su cuello, sus orejas, su pecho. Nuestras manos se peleaban por recorrerlo. Nuestra saliva lo untaba. Nuestras lenguas lo saboreaban. Nuestros alientos le daban calor. Nuestros jadeos lo excitaban y nos excitaba.

La morocha se puso de rodillas frente al futón y desnudó la cintura de Gonza, para luego seguir con la mía y terminar con la de ella. Él me agarró por la cintura y me puso por encima, dejándome sentada sobre su miembro que hervía de calor y quemaba mi vulva. A mis espaldas, y por debajo, se había quedado ella, con una mano en su entrepierna y la otra rodeándome a mí para llegar a la mía. Su lengua se deslizaba desde los testículos de nuestro hombre, hasta mi culo. Lamía sin cesar, mientras yo cabalgaba sobre las caderas de Gonzalo, quien devoraba mis pezones sin descanso y con maestría.

A pesar de que me costaba parar, decidí darle paso a mi amiga. Besándonos entre los tres, llevamos a Gaby hacia el futón, la giré sobre sí y mis manos la acariciaron desde sus hombros hasta sus muslos, los cuales fueron separados para permitirme recorrer su cuerpo y saborear el éxtasis que estaba emanando. Su sexo suplica mis manos, que no tardan en entregarse, en abrazarla con mis dedos, en conocer aún más cada centímetro de su interior, mientras mi boca se limita a beber sus fluidos.

Él se acomoda por delante, con ambas manos la toma por sus mejillas e introduce su miembro rojo y erecto hasta el fondo de su boca. Ella lo lame y degusta como si fuese su helado favorito. Con movimientos rítmicos de vaivén y giratorios, descendía su mano de norte a sur, humectado con sus propios jugos y la saliva que Gaby le colaboraba de su boca.

Escucharla gemir me volvía loca, aceleraba los movimientos de mis dedos en mí y mi sexo imploraba estallar.

Nos dispusimos ambas delante de Gonza, de rodillas sobre el suelo, tocándonos entre nosotras nuestros cuerpos lujuriosos, besándonos, mientras él nos mojaba con su líquido caliente y espeso sobre nuestros rostros y pechos.

Quisimos hacer todo para callados, pero nos llevamos una sorpresa cuando al terminar vimos a Rodri, sentado en una silla en la cocina, desnudo y con un cigarrillo en la boca.

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Cosas que cansan 

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