No te voy a dejar abuela. La casa temblaba más y más fuerte y como un avión que se avecina, el ruido a motores y lamentos comenzó a sentirse. Miraste hacia ambos lados y recordaste tu escondite en la cocina. Toda una infancia entre primos y escondidas y veinte años después aquel lugarcito te iba a salvar la vida. Corriste lo que en teoría era una madera para unir el fin de un mueble de alacena con la pared y ahí estaba el recoveco más inusual de toda la casa, incluso tu abuela miró sorprendida. Entraron los dos, mientras toda la habitación oscurecía. Desde adentro podías ver por entre las maderas lo que pasaba en la cocina.

Terminó de oscurecerse todo, siendo la siesta en Mendoza. La habitación estaba gris, casi negra, cuando de repente lo viste pasar por enfrente de ustedes. Tu abuela, que también miraba gimió de miedo y su cuerpecito comenzó a temblar como una hoja, como un infante a la intemperie. Con una mano tapaste su boca. Lentamente el hombre de negro atravesó toda la habitación. Miraba de un lado a otro. Observó el reloj de arena sobre la mesa, corriendo incansable. Una sonrisa burlesca se le escapó.

No vas a poder ir muy lejos, comenzó a decir a los aires. Se que estás escondido en algún lugar rata inmunda. ¿Sos acaso tan cobarde como tu abuelo Guido?

En ese momento los recuerdos te ahogaron el alma de pena. Recordas de chico haber entrado a la pieza de tu abuelo, jugando a la mancha con tus hermanas. Es imborrable esa imagen. El viejo aún con espasmos, con sus piernas tiritando como una marioneta frenética, colgando del cuello de una de las vigas del techo. Sus manos atadas atrás, aquel banquito caído en el piso. Tu mirada atónita. Vos corriendo a avisarle a tu abuela. Ambulancia, policías, hospital, sala velatoria, parque de descanso, pesadillas por años, llanto, duda, rencor. No eran problemas de familia, no eran problemas financieros… nadie supo bien porque, pero el viejo se suicidó sin importarle más nada. Nadie habló más del tema. Tu abuela mantuvo un silencio sepulcral eternamente. Incluso se catalogó su muerte de un paro cardíaco, cosa que solo el círculo íntimo sabía que no era cierto. ¿Cómo sabía esto aquel hombre? ¿Por qué motivo conocía lo del suicidio, cuando nadie en la familia lo contó? Miraste a tu abuela, sus lágrimas mojaron tu mano que aún le tapaba la boca, ella también lo recordaba, a ella también le dolía. Sus ojos te miraban, como en deuda, como con ganas de decirte la verdad, como quien sabe algo y tiene la obligación de contarlo. El hombre de negro seguía en la habitación.

No te busco porque te voy a dar un tiempo más, hasta que este reloj deje de correr. Te voy a hacer sufrir todo lo que me hizo sufrir tu bisabuelo. Una muerte lenta y dolorosa, eso mismo vas a pagar vos. Quiero que sepas que con la muerte de tu bisabuelo la venganza no quedó saldada. Tu abuelo se me escapó de las manos, pobre imbécil, cobarde y miserable, nunca tuvo las agallas para enfrentarme. Se que estás escondido en alguna parte y por ahora no te voy a ir a buscar, pero se te acaba el tiempo. Las vas a pagar y esta herencia de sangre y horror va a quedar saldada con tu muerte. De pronto su cuerpo se entumeció, transformándose en cientos de cuervos que destrozaron la ventana de la cocina, volando despavoridos hacia la tarde. Una luz imponente inundó nuevamente todo y luego de unos segundos saliste del escondite, temblando de miedo, con más dudas que terror.

¿Quién es este tipo abuela? ¿Qué pasó? ¿Qué es lo que dice del bisabuelo? ¿Cómo sabe lo del suicidio del abuelo? Tranquilizate y escuchame. Tu abuela comenzó a levantar los vidrios y los pedazos de madera de la ventana. Debería contarte la historia de Peñaloza, pero no tenemos tiempo, te tenes que ir. Hace bastante que pasó y debería buscar antes unos recortes de diarios de la época y algunas cartas de tu abuelo y tu bisabuelo para explicarte mejor ¡Para abuela! ¡No me dejes así! ¡Contame algo por el amor de Dios! ¿De que mierda venganza habla este tipo? Tu bisabuelo Enzo, le hizo mucho daño a Peñaloza, un hombre siniestro y peligroso. A él y a su hijo Antonio… al que incluso asesinó sin piedad. ¿El abuelo asesinó a un hombre? No solo a uno… Antes de morir Peñaloza juró vengarse de Enzo y de su hijo. Su hijo Guido, tu abuelo, se le escapó… se suicidó. ¿Pero como se le escapó? ¿Acaso no decis que Peñaloza murió? Eso es lo que te tengo que contar con tiempo, tiempo que ya no tenes. A ese reloj le debe quedar un par de días nomás. Lo único que te queda hacer es encerrarte en un monasterio. En Tupungato está el último de los monasterios realmente sagrado y protegido por el Buen Señor. El monasterio del Cristo Orante. Andá allá, es el único lugar que vas a poder estar a salvo. Abuela no entiendo nada. ¿Por qué me busca a mí? ¡Mis viejos jamás tuvieron un problema como este! Tu abuelo tuvo una hija mujer, tu mamá. En ese caso el pacto de la venganza no se cumple. Peñaloza juró matar a Enzo y a su hijo varón, su hijo varón se suicidó y tuvo solo dos hijas mujeres, vos sos el primer hijo varón luego de tu abuelo, vos sos el heredero de la venganza de Peñaloza. ¿Pero abuela?… No hay tiempo, explicarte todo sería gastar preciados minutos y tu tiempo corre. Creo que deberías irte ahora mismo. Contame la historia abuela, encerrarme en un monasterio no va a solucionar nada. Mejor andate…

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