A final de año la persona llega apabullada por hojas de calendario que cayeron sobre su cuerpo tantos días atrás. Espera el comienzo del año como si se tratase de un botón que reiniciara todo su estar y dejara en cero otra vez su existir. Pero en realidad se está engañando. Es la misma persona que hace 2, 3 o 10 años atrás. No ha cambiado nada.

Pero se convence de que no, que el año tiene que empezar desde cero y con un nuevo estreno. Y si va a empezar de nuevo que mejor que hacerlo de la mejor manera. Trata de arreglar todos los errores cometidos tiempo atrás, trata de mejorar la relación con las personas que dejo en el camino y trata de reencontrase con aquel que dejó en un cajón. Esa gente que parece siempre estar cuando el otro quiere y no cuando uno necesita. La histeria de fin de año empezó.

Logra tal vez remendar tres o cuatro errores. Logra reencontrases con esas personas que dejó de ver un tiempo atrás. Pero no encuentra forma de restablecer vínculo con el olvidado del cajón.

Recolecta papeles, recicla cartas destruidas y degolla hasta el último aliento de su memoria para tratar de sacarle información tratando de encontrar un paradero definitivo que acalle su búsqueda. Que acalle su histeria.

Logra dar con algunos datos certeros que hacen aparecer al olvidado sujeto. Sin dar previo aviso y con la histeria como estandarte, se reencuentra con el que había dejado de lado. Por supuesto que este último no pone resistencia alguna. El siempre está para todos, aunque nadie este para él.

La histeria en máximo culmine hace que la persona se adelante a las respuestas del otro, porque ella quiere terminar rápido con su “tramite”, pues fin de año se acerca y no queda mucho tiempo para reiniciarse de la mejor manera. No hay tiempo para nada. Lo quiere ahora, lo necesita ahora.

Pero sorpresivamente el olvidado ha cambiado. Ya no es el mismo de siempre y con esos desaires de indiferencia ganada por golpes de vida, se muestra frio, lejano y estoico.

La persona no lo tolera, esta estallando en rabia y nerviosismo. Ella quería remediarse a su manera y del otro lado la respuesta es diferente a lo que su histeria planeo. Todo se está derrumbando, la persona no tiene el control ahora.

Entre gritos la persona se arrepiente de haberlo encontrado, se arrepiente de haberle dado esa “segunda chance” que ella solo otorga a la gente favorecida en su vida. Cierra el cajón con fuerza y sacude el mundo del olvidado. La persona se marcha con bronca, entre apretones de dientes y demás metamorfosis que la histeria le ha provocado. Se marcha y desaparece nuevamente.

Tal vez el olvidado del cajón le arruinó los planes de fin de año, porque ahora ese olvidado sonríe maquiavélicamente y sabe que fue escuchado desde lo vorágine de su silencio. Porque se canso de ser aquel que siempre esta cuando la persona quiere y no cuando él la necesita.

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