Todos soñamos alguna vez con poder ir de un lugar a otro en un instante. Se terminarían los problemas de tránsito, no habría excusas para llegar tarde y de repente todo el tiempo que hoy utilizamos para viajar estaría disponible para otras cosas. Analicemos en detalle que cosas harían falta para que esto que es común en las historias de ciencia ficción fuera posible.

La teletransportación significa llevar algo de un lugar a otro, pero no de la manera tradicional, moviéndolo, sino haciéndolo desaparecer de donde está y aparecer en el destino. El ejemplo más famoso de la ciencia ficción está dado por la serie Star Trek, en la que los tripulantes de la nave Enterprise utilizaban este método para llegar a la superficie de planetas desconocidos o para reunirse en persona con tripulantes de otras naves.

Para teletransportar un objeto antes que nada deberíamos ser capaces de desintegrarlo en sus componentes, digamos sus átomos, y volverlo a “armar” en el destino. Si queremos realmente enviar el objeto deberíamos también saber como enviar estos átomos, sin agregar ni quitar ninguno en el proceso, junto con la información que nos permita reconstruirlo. En mi opinión, si tuviéramos la capacidad tecnológica de manipular átomos a voluntad, sería más fácil solamente enviar la información del objeto, mediante cualquiera de los métodos que ya conocemos (ondas de radio, luz, pulsos eléctricos o cualquier cosa que hoy utilicemos para transmitir imágenes y sonidos). Destruimos el objeto en el origen y lo reconstruimos en el destino, para evitar que haya duplicados. ¿Qué hacemos con los átomos separados que quedan en el origen y de dónde sacamos los que necesitamos para reamrlo en el destino? Se me ocurre una idea mejor. Deberíamos ser capaces de manipular los componentes del átomo: neutrones, protones y electrones. De esta manera podemos crear cualquier elemento a partir de cualquier otro (alguna vez lo pensaron mirando la tabla periódica, ¿no?). Reordenando las partículas podríamos obtener, por ejemplo, oro a partir de algo tan abundante como la arena, simplemente cambiando la cantidad de protones, neutrones y electrones. Es el sueño de los alquimistas de la Edad Media y haría colapsar la economía mundial, pero por ahora concentrémonos en usarlo para lo que queremos. En el origen nos quedarían grandes cantidades de partículas sueltas, que podrían usarse para materializar otros objetos. En el lugar de destino utilizaríamos partículas obtenidas de cualquier material suficientemente abundante.

¿Cuánta información es necesaria para definir un objeto? Bueno, depende de lo que quisiéramos teletransportar. Un material cristalino, que tiene sus átomos ordenados en un patrón regular, sería simple de codificar. Basta con él número de átomos, la distancia entre ellos y las medidas del objeto. Algo más complicado, formado por diferentes materiales, requeriría de una gran cantidad de información. Algunos gramos de cualquier material contienen 1023 átomos (¡un uno seguido de 23 ceros!). Creo que esta cantidad de información excede la capacidad de transmisión que tenemos en la actualidad, por lo que tardaríamos muchísimo en hacerla llegar al destino y el sistema dejaría de ser práctico. De todas maneras podríamos suponer que si el avance de la tecnología nos permite todo lo que mencionamos anteriormente, entonces nos permitiría transmitir estas increíbles cantidades de información en un tiempo razonable.

Por supuesto que la idea original de todo esto es transportar seres vivos, en particular personas. Las cosas se complican todavía más. Un organismo vivo está cambiando todo el tiempo, así que para codificarlo necesitaríamos definir su estado en un determinado momento. Más aún, ¿podemos volver a armar un animal, una planta o una persona y que todavía siga viva? Es un tema delicado, casi filosófico. En principio el organismo no tendría forma de saber que le pasó, que procesos lo desintegraron y volvieron a integrar. Si el resultado de esto será exitoso depende de cómo se defina la vida. ¿Hay algo más en una persona que un conjunto de átomos de ciertos elementos? ¿Si el alma existe, podemos codificarla y transportarla?

Deberíamos también tener en cuenta las posibles fallas del sistema. Podría suceder que el original no se destruyera y hubiera dos personas iguales en dos lugares diferentes, gemelos idénticos al extremo. Podría suceder que la persona teletransportada se mezclara por accidente con otro objeto o ser vivo, como ocurría con el desafortunado protagonista de la película “La Mosca”. Como dice la Ley de Murphy: “si algo puede salir mal, saldrá mal”, así que deberíamos tener mucho cuidado al hacerlo.

Me gustaría mucho poder desaparecer de donde estoy y aparecer en otro lugar. Lo pensé muchas veces. De todas maneras la idea de que me conviertan en partículas subatómicas y me vuelvan a armar en otro lugar me da un poquito de escalofrío.

NDR: Por problemas en el hosting (que en teoría ya están resueltos) se borraron todos los comentarios desde el Martes 15 de Noviembre de 2011 al Domingo 20 de Noviembre de de 2011. Un millón de disculpas a nuestros seguidores.

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