Media tarde del viernes, mi vieja tenía que ir a hacer unos trámites al centro y yo a pagar deudas, aprovechamos y nos fuimos juntos con la condición de que “me esperas cuando me baje al OSEP así no pago playa y después te acerco hasta la Rivadavia” y el pedido expreso de “y nos volvemos juntos a la casa y antes me acompañas al supermercado que tengo que comprar unos vinos y unos postres porque esta noche vienen a cenar los papás del novio de tu hermana”. Lleva cuatro meses y ya encanutó a sus suegros en mis preciados aposentos la guanaca mal educada.

Los hombres que tenemos la bendición de contar con medio de movilidad propio, somos pésimos copilotos de féminas al volante (se me acaba de ocurrir un aforismo para el chochán). Esa mamucha peinada a lo Soda Stereo que me enseñó a manejar de pendejo era ahora una mona señora centro de mis críticas y embates visuales; “vieja, guarda el micro que te le estás pasando muy cerca”, “che mamá tiene paso él”, “¿no te parece que vas muy rápido por esta callecita céntrica?”, “¡guarda que están los milicos” (y la muy yegua les toca bocina y les tira un beso al tiempo que le devuelven el saludo), “¡frena que se va a poner en rojo!”, “¿Por qué te pegás taaaaaaanto al asiento mamá?” y mil observaciones más.

El tema es que mi vieja media irritada me pidió que me callara la boca y que le dejara de romper la paciencia, que había tenido un día de locos…

Bueno vieja, si manejas como el orto…

Mira nene, te hubieses venido en micro.

¡Pero si vos me pediste que viniéramos juntos!

Bueno, bueno… es que encima ando re nerviosa porque sabes que a tu papá le enferman estos compromisos…

¡Que mina boluda por Dios!, tres meses y te trae a los viejos esos a cenar.

Eso es lo que más le molesta al papá, los vimos una vez en el parque, nos saludamos por que estaban los chicos ¿viste?, tu hermana nos presentó y el muy boludo ahí nomás les dice “bueeeeeno ya nos vamos a juntar a comer un asadito”…

Siempre hace lo mismo.

Claro, ahora los otros agarraron viaje y el pelotudo se queja porque no los conoce, no sabe ni quien puta son y “quien manda a esta conchuda a traer a estos viejos chotos un viernes a la noche”. ¿Quién lo entiende a tu padre?

Bueno, que no rompa las bolas entonces. Yo no voy a estar, así que olvidate que haga el asado.

¡Ufff! Cartón lleno… ahora si que me va a volver loca.

Mi vieja, mientras hablábamos se empezó a poner más y más nerviosa, se quejaba con sus típicos y conocidos argumentos…

Siempre me hace lo mismo, invita, invita, invita de puro compromiso y cuando nos tenemos que juntar le da vergüenza o no tiene ganas.

Vieja, guarda el de la moto…

Para colmo no va a querer hacer el asado, ya me veo yo cocinando como una pelotuda, cagándome de calor…

Vieja… el de la moto, vieja.

Porque encima no tengo un peso, estamos a mediados de mes y ya me gasté todo el sueldo en comida e impuestos, porque el caradura ni atina a llamar a un delivery…

¡Vieja el de la moto! ¡Se la vas a poner!

¡Dejame de joder con la moto re pelotudo! ¡Hace dos horas que la ví!

Y pegó un maniobrazo digno de un Fangio en una Ferrari, luego una frenada brusca y fulminó al pobre de la motito con una mirada de esa que nos largaba cuando de guachos no la habíamos dejado dormir la siesta con mi hermano por jugar a los Caballeros del Zodíaco y cagarnos a guascasos, él con una manguera onda “espada flexible de trueno de Trunus” y yo con una soga atada a un palo en la punta onda “boleadora del poder de Bomur”. El pobre de la moto casi las paga caro…

Manejan como el orto estos boludos…

Vieja, estas alterada…

Es que encima ¿viste como es tu padre? Se hace el idiota todo el día y después la pasa re bien, pero a la que lo rompió la paciencia todo el santo día y volvió loca con esto y aquello es a mí.

Bueno mamá, sabes que es así. Les hubieses dicho que tenías un compromiso y listo, sos vueltera también vos.

¿Y a tu hermana que le digo? Si encima la muy boluda se enoja si no los invitamos…

Enzorrada.

Enzorruda mejor dicho, porque podría ir ella a comprar las cosas, pero no… no, encima “la señorita” se queda bañándose, cambiándose, peinándose, pintándose, como si ella fuese la invitada de honor y yo su esclava…

¡Y el papá el bufón!

¡Ojala! Si ni eso…

Vieja ese se va a meter para doblar…

Se va a meter, ¡ja! Seguro, si me corro se va a meter.

¿Por qué no lo dejás pasar?

¡Porque no! ¡Que espere! Esta es mi mano, que espere, yo tengo que pasar primero…

Son todas iguales… dejalo pasar porque te va a encerrar.

Mi vieja aceleró, pegándose al auto que estaba delante de nosotros para no darle ni chances al pobre tipo de que pueda doblar hacia la izquierda. El tipo no sacaba el guiñe y mi vieja lo levantó de un bocinazo. El tipo le respondió con otro bocinazo y unas señas de que lo dejara pasar bastante violentas, obvias y elocuentes.

¡Vieja frená y dejalo pasar!

¡No!…

Entonces mi vieja baja el vidrio de mi lado, yo cara de Pocker absoluta, y se pone a gritarle al pobre tipo que quería doblar hacía setenta metros.

¿Pero donde queres meterte?

Vieja quiere doblar (le digo avergonzado susurrando)

¡Vos callate pajero!

En su vida me había dicho “pajero”… ni siquiera aquella vez que entró a mi pieza con el lampazo y una gamuza en la mano y yo estaba solamente con la remera de Boca que usaba para dormir y una media de lana en el pito mientras veía Verano del 98 y pensaba que la Jóse era mi novia.

¡Señora, déjeme doblar!

¿Pero no ves que no podes? ¡De ese lado no se dobla!

El tipo miró fijo a mi vieja y la cara de enojado se le transformó en una sonrisa amigable, apretó los ojos como para ver mejor y asomó un poco la cabezota por el vidrio del auto de él. Sorprendido y risueño nos dijo.

¡Soy el Toni!

¿Queee?

¡Que soy el Toni!

¿Y a mí que me calienta? ¡Yo soy la tuna! ¿Dónde aprendiste a manejar? ¿En el cotolengo? ¡Gordo tarado!

Y la muy salvaje no lo dejó pasar. Yo me quedé pensando en su frase “soy el Toni”… en mi vida había visto a ese regordete. Seguimos manejando y se le pasó un poco la calentura, me empezó a hablar de unos certificados que tenía que ir a pedir a la obra social y que la tenían a las vueltas. Si esta vez no le deban bola mataba a alguien y por como venía de movida la tarde, estába casi convencido de que lo que me decía era cierto, tan cierto como cuando me dijo que si le llevaba una remera más manchada de fernet me las tiraba a la calle y así perdí tres de mis mejores prendas. Un par de minutos después, justo cuando estábamos llegando al OSEP le sonó el celular a mi vieja, era mi hermana.

¿Hola? Si. ¿Qué? Nooooo… ¿enserio? Pero… pe… ¿estas segura? ¿Te acaba de llamar tu novio? Mmmmm… ¡nooooo!

¿Qué pasó vieja? ¿Zafaste de la cena? Jajajja…

No, me acaba de confirmar que esta noche viene a cenar Susana, la mamá de su novio y Antonio, el papá…

¿Y? ¿Por qué la cara de susto?

Al papá le dicen “Toni”…

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