“Todas las minas sueñan con lavar calzoncillos el resto de su vida”.

Eso y que la Argentina sería un gran país si no tuviese peronistas son dos axiomas de los que estoy tan convencido, como de que salíamos campeones en el 94 de no haber dado positivo el Diego.

Mientras tanto nosotros, como diría Dolina, todo lo que hacemos lo hacemos para conseguir minas.

La contradicción es de duración, nosotros queremos un polvo, ellas un marido.

No importa lo que digan, pueden hacer una maestría en la Sorbona, decirse hippies y fifar tupido, creerse refeministas y juntarse a chillar entre ellas,  ir a la cancha a gritar “aguante el tomba”, aprender a tirar wheeles en moto, ser vírgenes y juntarse a rezar con tías viejas, ser chupacirios o soplavelas, siempre, todas, estarán buscando un marido.

Lo tienen en el ADN, al lado de donde dice dos tetas, una cuchufleta, lagrimal flojo, está  escrito como una Tarjeta de Objetivo de T.E.G. “Conseguí un marido”.

Son  entrenadas de chiquititas para eso, mientras nosotros jugamos al futbol, a la guerra o a las carreras de bicicleta, para luego, salvo excepciones, en la puta vida ser futbolistas, comandos anfibios o corredores de Moto GP, ellas juegan a lo que harán el resto de su vida: A las visitas, la casita, la comidita y un largo etcétera. Mientras nuestros juegos son lúdicos e inocentes, los de ellas son entrenamiento puro, se están preparando para cumplir su Tarjeta de Objetivo.

Por eso cuando hay un casamiento, las amigas van en tropel y le dicen a la recién casada “te felicito”, mientras nosotros a lo sumo, le ponemos una mano en el hombro y le decimos “suerte”, claro que ella merece una felicitación, cumplió el objetivo, claro también que el necesitará algo de suerte, a partir de ese momento vivirá jugando de visitante, ella está afiladísima para lo que le espera, él, pobre boludo, se pasó ese tiempo tirándole con la gomera a los focos de la plaza.

El objetivo a nosotros nos lo muestran mas tarde, mas o menos a los quince años, nos muestran una Tarjeta de Objetivo que dice “ponela”, dejamos la bici, la pelota, los revólveres de cebita y salimos a lo loco, a cumplir el mandato, sin haber entrenado, sin una puta práctica, padecemos vergüenzas, hacemos papelones, le mentimos a nuestros amigos y sufrimos, como sufrimos, pero vamos para adelante como un pilar a cinco yardas del ingoal contrario. Ellas con sus quince años de ventaja nos esperan, juegan con nosotros, nos hacen creer cosas, nos comemos todos los amagues, es cierto que a veces la ponemos, pero solo lo hacemos cuando ellas quieren y cuando quieren es porque de algún retorcido e incomprensible modo, ese polvo, las acerca al matrimonio, o en el peo rde los casos, lo toman como parte del entrenamiento, entonces prueban lencerías y chanchadas con nosotros, pero pensando en la noche de bodas, que será con nosotros o con otro, para ellas eso no es importante.

Señores, no hay otra que apechugar, jugar en desventaja, la que nos tocó no es fácil, pero es ineludible, démosle duro para cumplir nuestro objetivo y tratemos que ellas se demoren lo mas posible en cumplir el suyo, esto y no otra cosa es lo que sucede hace miles de años.

Luego cuando una mina consigue marido le dan una Tarjeta de Objetivo nueva que dice “Cambialo” y a partir de ese momento ellas tratan de cambiarnos, de que dejemos de ser lo que fuimos y somos, para ser lo que quieren que seamos, pero ese es tema de otra nota.

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