Estimados lectores de El Mendolotudo, nos es grato presentarles a un nuevo escritor en una nueva sección. El susodicho es “El Testigo” y nos va a deleitar todas las semanas con un cuento nuevo en la sección “Cuentos Mendoza”. El fin es darle algo de literatura a nuestra web y transformarla en un espacio para todos, una comunidad, un sitio para leer, reír, informarse y disfrutar, tomarse una tregua, un descanso, un relax, los cinco minutos del té y sentarte a disfrutar con lo que más nos gusta hacer, o sea escribir. Esperamos que disfruten de él y le den una cálida bienvenida. Es tan mendocino como nosotros y cuenta cuentos increíbles. Los dejamos con “El Testigo” que hoy nos trae su primer cuento “Preguntale a ella”

Le pregunté si podía cantar entre tanto alboroto y alcohol, la respuesta siempre ha sido la misma, entonces me dedique a observar y cerrar la boca. Esbelta ante el micrófono, sus dedos lo abrazan y desearía captar sus frecuencias para colocarlas en la cinta de grabación, ser despedazado en partes ínfimas para introducirme en los oídos de todos los que escuchen esa voz; no precisa de acompañamientos ni orquesta.

Observo los movimientos y nos encontramos o creo encontrarla, tal vez ella no está en este momento donde estoy. Cruza la mirada de a ratos y sigue el ensayo, la grabación, para, vuelve, piensa, afina, desafina, desenvaina una canción como un arma y la cabeza con el corazón son las primeras víctimas agridulces.

Ese día luego del sol nos fuimos a comer bajo un puente de autopista, un inmigrante de un país nórdico hace algunas genialidades parrilleras que no son de mi agrado pero preguntale a Nara, que disfruta de lo “autóctono, popular” como dice entre mordisco y cerveza. Hablamos sobre el disco que saldrá en marzo del año entrante, no se muestra preocupada porque confía en todo el mundo alrededor de su sistema interno pero leo en sus ojos algún miedo que no es explícito y tal vez no sepa de que se trata o sobre que es tanto temor oculto, escondido entre sentimientos positivos y optimistas sobre el suceder de los días .Del puente nos fuimos a casa, nos entregamos a un disco de Derek and the Domino´s y cantamos hasta el amanecer, con guitarra, un cabernet y amor en el sillón. Dormimos: ella en mañana, yo entre algunos recuerdos y el mareo, me quedé con sus ojos en el puente.

Llegamos al estudio y la sesión de grabación siguió su firme rumbo. Esta vez llevé un libro para alivianar. Algunos piensan que es divertido pues no, no es para nada dinámico un evento de tal característica, lleva sus horas, grabaciones una y otra vez, detalles, temas, bases, ritmos, ideas y creatividad con trabajo. Mi paciencia es amor en forma de Naara. Preguntale a ella como soporta tanto. Le pregunté varias veces cuando la almohada nos separaba y me contestaba con gestos de hombros o con manos de gloria alzadas en el cielorraso. No necesitaba más palabras para entender que el arte es sudor, fuerza y un amor a algo intangible, más allá de la obra en sí misma. Ese día seguimos juntos, hasta el final, cuando los últimos minutos de una jornada agobiante nos dejaba sin ganas de seguir y decidimos dormir.

No hay canción que venga mejor que aquella que se sienta ante nosotros con una soberbia que sabemos que nunca alcanzaremos en un plano real. Es difícil explicarlo. Como es difícil explicar que mi amor en forma de Naara es tan intangible como sus canciones en los discos que me dejó. Lo pienso mientras escribo estas letras y los recuerdos vuelven entre melancólicas imágenes, esa nostalgia que ataca con risas, lágrimas y la impotencia de vivir sin querer hacerlo. No es el suicidio una opción, nunca lo será. Muero un poco en cada Sol Mayor rasgado por sus uñas y en cada vibración de sus cuerdas a través del reproductor musical. Ese es mi cielo, un disco compacto, mi existencia se resume a un simple objeto que da vueltas a gran velocidad y mediante un mecanismo que siempre expliqué por un laser, emana mediante los parlantes un sonido de tonos superiores que nadie podrá alcanzar o no podrán en mi alcanzarlo.

Ese día reímos como nunca. Planteamos un juego zonzo, en que éramos objetos de la vía pública. Me contaba que siempre quiso ser un farol para iluminar la ciudad o para salir en una foto improvisada de un tanguero porteño a pesar de que no estábamos en Buenos Aires. Yo por mi lado, tengo menos pretensiones y me conformaría con ser el monolito recordatorio de la tragedia de los baqueanos cerca de la Laguna del Diamante. Me miró con esa cara que delata que le parezco un sujeto aburrido y tierno a la vez, me cierra las palabras con un beso. Y nos maquinamos siendo arboles, podríamos ser árboles, vivir de sensaciones y estáticos, perder brazos por el viento y renovarlos en épocas primaverales. Seres de sensaciones nada más. El atardecer y el frío nos invitaron a escondernos en casa, donde tenemos lo necesario para pasar la noche.

Preguntale a ella si la ves, yo no la vi más desde aquel día en que se fue para promocionar su obra; nada más lindo y cansador, salir de “gira” como le dicen. Sus giras nunca tuvieron condimentos alocados, su música, su público, se elevan a un estadio en donde nadie aplaude porque no es necesario, los espíritus se agradecen entre si y los seres no hablan porque no conocen vocabulario para describirlo. Mis imágenes pueden ser hiperbólicas, pero no suelo exagerar. De ahí en más, entendí la existencia y porque los hombres crearon religiones para sobrevivir u otros se esconden en expresiones diversas, que llevan a un solo lugar.

Conocí el verdadero concepto de la soledad, el peso de mirarse al espejo y las arrugas molestando. Los ojos caídos y manchas de agua a la altura de la cabeza. Solo. La cama sola y yo. La reproducción de su alma a mi lado, como si aun estuviera ahí. Sé que está y es mi espíritu el que lo siente. Se conjuga con el suyo, jugando, hablando, cantando, tomando vino tal vez y otras porquerías que nos gustan. Mientras espero con paciencia a que la oscuridad me condene y la esperanza del más allá que me vendieron desde chico, se convierta en realidad onírica o concreta y pueda en cualquier lugar del universo volver a verla.

Compartí, no seas paco