Los mendolornudos, como su etimología lo indica, son aquellos menduquitos que al escuchar la canción “y que no me digan en la esquina, el venao, el venao…” deberían sentirse bastante identificados. Los mendolornudos tienen adornada la cabeza con algo más que gel y mechitas rubias… los mendolornudos pasan por la puerta por gracia divina… los mendolornudos de pura cepa, además, no saben que lo son.

Un menduco de raza nunca será un cornudo conciente. ¡Antes muerto! Los machos no tienen cuernos, nunca una mina los dejó, jamás los rechazaron ni los abandonaron por otro. Pero acá van algunos consejitos por si tenés dudas sobre la incondicionalidad de tu mujer.

Siempre estamos hablando de una pareja que no está en la mejor etapa. Pero extendámoslo a todas, ya que el tipo no se da cuenta de que su pareja no funciona hasta que un día llega y le cambiaron la llave de la cerradura, lo que lo lleva a pensar que su esposa/novia está loca como un plumero; y jamás se hará cargo de los 6 meses que hacen que su pareja le pide hablar, que no pasa nada (o poco) en el cuarto, que cuando la escucha llorar se hace el dormido, que las amigas de la mujer lo miran con cara de culo, que no hablan más que de cosas domésticas o de horarios, ¡ni siquiera de que su mujer cambió a “soltera” su estado en el facebook! Un desastre. Y al escuchar SU lado de la historia, claro, todos sus amigos/as estarán de acuerdo con usted, pero eso no le va a agregar verdad a su versión.

Pero en el caso de que ella decida no terminar la relación y sí vengarse por su descuido constante, hay algunas señales de que puede estar recibiendo atención por otro lado, y aunque ya sé que su fuerte no son los detalles, mendolornudito mío, después no diga que no le avisé. ¡Al que le quepa la camisa, que se la ponga! Si el hombre engaña porque sí, porque es egoísta, porque se le dieron las bolas y no es nada personal contra su mujer, sino solamente es que ella le chupa un huevo; la mujer en cambio (en una buena parte de los casos) muy probablemente tiene razones personales contra usted para engañarlo… Sin querer con esto justificar la infidelidad, que siempre es una mala alternativa en mi opinión.

Volvamos a SUS cuernos. Un detalle inquietante será (si usted no se está encargando del tema, ¡póngase una mano en el corazón!) la sonrisa tatuada en el rostro de la susodicha. Puede que de sopetón se la escuche cantar nuevamente, bailar mientras arregla la casa, mirarse al espejo con complacencia. Reírse de los chistes que usted o Corona hagan, sin discriminar, en resumen, un buen humor inusitado. Cambia la reacción a sus planes, asados, cumpleaños, reuniones, ya no lo va a molestar, quizá si es buena actriz diga “uhhh… bueno, si tenés que ir”, le planchará el pantalón nuevo con esmero, y le recordará que lleve abrigo y se ponga perfume. ¿SOSPECHOSO, no? Ya sé, no para usted. Usted vive en una hermosa nube de pedos.

También comenzará a comprarse ropita linda, bombachitas sexies, corpiños con encaje, que usted prácticamente no verá, más que al descuido mientras ella se cambia. Otro signo de alarma: se unirá a su amiga confidente más que de costumbre, hablarán en voz baja por teléfono o bien en clave (se da cuenta cuando después de 5 minutos usted no logra captar DE QUÉ están hablando), con muchas risitas o “¡hija de puta!” salpicando la conversación. Cuando duerman, ella tratará de no tocarlo, a menos que usted se lo pida, lo que hará maquinalmente como con un hijo o con el perro. No le negará el sexo, y las sutiles diferencias que puedan haber entre el pre y post gorreo no las notará nunca. No es por ahí, no se meta.

Si ella realmente se ha enamorado, esto durará poco tiempo. Lo dejará en cuanto pueda, y se largará a vivir la vida con su confortable pata de lana. Pero si sólo es una forma de llamar SU atención o bien de reencontrarse con su propio cuerpo y su sensualidad, esto puede durar bastante. No se gaste en revisar celulares, en hurgar bolsillos, en leer agendas a escondidas. La mujer es una espía nata, y sabe dónde buscar pistas, por lo que será muy cuidadosa de no dejarlas. Además, el amante en sí, tosco y distraído como usted, no se molestará en mandarle los mensajes cuasimafiosos de las algunas amantes mujeres, como un mensaje en horas inoportunas, un arito en su bolsillo, impregnar con su perfume la ropa del infiel, marcas de pintalabios en la camisa, y mil mañas más. En estos asuntos, cuando usted se compró los pantalones, ella ya los hizo bermudas, ¿me comprende? Si se lo cuenta a alguna amiga, ésta será de fierro, a prueba de balas, no va a fanfarronear con eso como haría usted…

Por lo que la única manera de saber la verdad, será preguntándole a ella. O cuando un día, así como al descuido, su mujer salga a comprar la verdura y vuelva con el pelo mojado y olor a jabón chiquito… o cuando tenga un hijo que curiosamente tenga muchos rulitos, sea marcadamente más morochito que usted, la nariz chatita y los labios muy gruesos y el apellido en lugar de González sea De Souza… o cuando tenga que viajar con su amiga Chola porque la tía de la esposa de su vecino está enferma y ella en un ataque de solidaridad va a ayudar a cuidarla… o cuando encuentre regalitos finos y muy caros escondidos y cuando le pregunte por ellos, le diga: “era una sorpresa porque mañana van a hacer 14 años de la primera vez que fuimos al cine” … o cuando directamente, un día le llegue una postal de Buzios que diga: “Carlos: no sé si vuelvo. Pero no te preocupes que dejé 25 kg de milanesas preparadas en el freezer”. ¡Tan dulce ella!

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